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Martes, 05 de septiembre de 2006

Los verdaderos criminales

Me pasé para markota.wordpress.com

Me revolvieron las entrañas las declaraciones que hizo recientemente Alfonso López Trujillo, cardenal colombiano, alrededor del aborto practicado legalmente hace pocos días a una niña de 11 años que quedó en embarazo luego de que fue violada por su padrastro... Sigue: markota.wordpress.com

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Sábado, 02 de septiembre de 2006

Me trasladé para Wordpress

Hace un buen rato que no escribo, pero espero normalizar mis actividades esta semana. Por motivos de trabajo, últimamente me he concentrado en aprender a manejar Wordpress. Así que decidí abrir un nuevo blog, llamado: markota.wordpress.com. Me llevé para allí las entradas que he escrito. Allá los espero.

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Miércoles, 09 de agosto de 2006

Lenguaje racista

Somos mestizos con sueños de pureza racial. Discriminadores no confesos de las minorías étnicas, como si fueran seres inferiores. El lenguaje cotidiano así lo delata fácilmente.


"Ese tipo es un 'indio' insoportable" o "vámonos de aquí que esto está lleno de negros", son algunas de las expresiones que he oído recientemente, para poner en evidencia esa forma soterrada de racismo que se manifiesta a través del lenguaje.
Las palabras dejan entrever una realidad que no se nombra, pero que existe. Colombia es un país rezagado en el proceso de hibridación que se vive en muchos países del mundo. Pertenezco a una comunidad mestiza, con sangre indígena y afrodescendiente, con algunas gotas de sangre de inmigrantes que llegaron hace ya muchas generaciones, pero la mezcla llega hasta ahí. Aquí, según el DANE, actualmente la población colombiana inmigrante representa solo el 0,3% de la población total.
A pesar de ésto, en esta cultura es bastante común el anhelo de mezclarse con los que tienen pinta de "blancos" locales; hay un racismo que no se menciona, pero que se manifiesta de forma clara en la posición jerárquica que ocupan las minorías étnicas, dentro de la economía y la sociedad en general. Hay una nostalgia eurocéntrica, en la que el sueño de blancura y pureza de descendencia europea marca el comportamiento de una gran parte de la población. Nos hemos identificado con la ideología eurocéntrica, en la que solo tiene valor lo procedente del llamado "primer mundo", incluyendo el color de la piel.
Y pensar que de las personas que han emigrado de Colombia el 35,4% se fue a Estados Unidos y el 23,3% a España, donde, a pesar de los pergaminos locales, allá viven en carne propia la discriminación hacia los inmigrantes latinoamericanos, y muchos de ellos se ven precisados a trabajar sin garantías y en el mercado laboral ilegal, que es lo mismo que ocurre aquí con las minorías.
Aquí los afrodescendientes son casi todos pobres y padecen de discriminación o hacen trabajos considerados de menor estatus. Los procesos de desplazamiento forzado que ha generado la guerra en Colombia ha lanzado a cientos de indios o aborígenes hasta las franjas de miseria de las grandes ciudades. Otras comunidades, pobres en su mayoría, padecen fenómenos de aculturación, sin ventajas a cambio, o las tienen cultivando coca, pero no como parte de su cultura, sino al servicio del narcotráfico.
No he podido encontrar estadísticas representativas sobre las minorías étnicas de mi país, para complementar este artículo. Las últimas cifras disponibles del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), que corresponden al censo de 1993, que pude encontrar, arrojan que en Colombia la población afrodescendiente, conocida vulgarmente como "negra", ascendía ese año a medio millón de personas y la de indígenas o aborígenes, a 613 mil. Pero, según el mismo Dane, esas estadísticas no son confiables.
Total, yo decidí eliminar de mi lenguaje los términos que evocan actitudes racistas, que considero bastante ofensivas. Puede que no sea la gran cosa, ni que vaya a cambiar el mundo, pero, principio tienen las cosas. También me he propuesto construir relaciones basadas en el respeto, con conciencia, en mi convivencia cotidiana con las personas que pertenecen a otros grupos étnicos.

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Domingo, 06 de agosto de 2006

Lo que me gusta y lo que no me gusta de la Feria de las flores

Medellín está de fiesta y la gente se tomó el espacio público.


Medellín está en plena fiesta de las flores y, aunque no me llaman la atención los desfiles de carros antiguos, le tengo temor a las aglomeraciones donde la nota predominante es el consumo de aguardiente, le tengo miedo a los índices de accidentalidad en una ciudad ebria, me escandaliza el multitudinario desfile de caballos con silicona en tetas y nalgas de las mujeres jinetes, en fin, aunque no sea la clienta precisa para este tipo de celebraciones, me alegra que la gente de mi ciudad pueda salir a las calles y tomarse el espacio público.
Ahora salí y me sorprendió ver que por todas partes había tablados, graderías, hombres y mujeres caminando en alegres grupos, ataviados con ponchos y sombreros. Esos símbolos del regionalismo, del "empuje paisa" y de la "raza" antioqueña, no me gustan; pero no importa si me gustan o no. Lo que sí es importante es que mi ciudad está vestida de celebración, y cuando la gente está de fiesta, aunque sea por por una noche o por unos pocos días, los ánimos cambian, se relajan las tensiones y se recupera la liviandad perdida en el trajín cotidiano.
En lo personal, me parece mucho más divertido mirar desde el balcón, ahorrarme el guayabo (o resaca), evitar la insolación y reflexionar acerca de lo que veo.
A unos les gustan unas cosas a otros les gustan otras. A mí me gustan mucho más otras cosas.

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Jueves, 03 de agosto de 2006

La miseria humana

Ver cómo todos le huyen a un indigente herido, es un espectáculo que desgarra el alma y que llena de rabia.

Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo habría creído. Anoche, frente al balcón del apartamento en donde vivo, el esposo de mi hermana oyó a un hombre desesperado que gritaba: "¡Ay, mi pie! ¡Mi pie!". Los gritos provenían de un lugar situado a unos 40 metros de mi casa. En línea visual directa, hay un cruce, en donde cada cierto tiempo ocurren accidentes. Mi cuñado de inmediato salió al balcón, para ver qué había sucedido. Vio a una mujer que detuvo su automóvil, se bajó y corrió hasta donde un indigente se revolcaba del dolor, sobre el piso; con el auto le había pisado un pie.
Acto seguido, un hombre que venía en sentido contrario, detuvo su automóvil, se bajó también y le dijo a la señora: "Váyase, señora, váyase, no se meta en problemas. Ese desgraciado se le tiró a su carro, yo ví". Luego se dirigió al indigente y le gritó: "¡Vos te le tiraste al carro, desgraciado!, ¡voy a llamar a la policía para que te metan a la cárcel!".
La señora y el señor se subieron a sus respectivos vehículos y se fueron, cada uno por su lado.
Luego llegó una moto con dos policías. Mi cuñado, Alejandro, no oyó el diálogo, pero vio cuando, luego de intercambiar algunas frases, los policías se fueron y lo dejaron ahí, tirado.
Alejandro salió de inmediato y se dirigió al lugar donde yacía el pobre hombre, que lucía flaco y sucio, cuidando con celo un talego a medio llenar, que tenía a su lado.
Entonces mi hermana me dijo: "hubo un accidente". Yo corrí al sitio. Allí estaban: mi cuñado, el indigente y dos guardias del tránsito. El hombre se había sentado en la acera, se había quitado el tenis del pie derecho y la media. Claramente se le veía que estaba fracturado. Se mecía del dolor y con las manos se cogía el pie, congestionado y rojo, de donde bajo la piel se asomaba la arista de un hueso.
Fui testigo de cuando los dos guardias de tránsito llamaban por radio, con insistencia, pidiendo una ambulancia y les decían que todas estaban ocupadas. Los guardias, ofuscados, movían su cabeza con asombro y le insistían al hombre que estaba al otro ladio del radio, que buscara una en cualquier lado, en la cruz roja o en la defensa civil. El hombre decía que no había ninguna.
Uno de los guardias dijo: "no hay derecho a que no haya una ambulancia, porque es un indigente".
El indigente, seguía quejándose del dolor. En ese instante paró un taxi. Yo me le aproximé y le pregunté a su conductor que si quería llevarlo a un centro asistencial y él dijo que sí, pero que si alguien lo acompañaba. Los guardias de tránsito le dijeron que ellos lo escoltaban. El hombre se paró, se acostó en la silla de atrás del vehículo y todos salieron juntos.
Nosotros nos quedamos con el corazón partido y llenos de rabia, al ver hasta dónde puede llegar la miseria humana, al comprobar cómo los más pobres y desvalidos no solo no tienen derecho a una atención médica de urgencia, sino hasta qué punto ya la indiferencia se transformó en el ensañamiento contra los más marginados.
La señora que le pisó el pie, tal vez perdió la paz para siempre, por el remordimiento de haberse ido, dejando al hombre abandonado.

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Martes, 18 de julio de 2006

Nueva piel

Un poema

Estoy mudando,
no sé si de piel o pelaje,
no sé si de cuero o corteza.
Bajo la reseca coraza,
bajo la agrietada piel desértica,
emerjo lenta,
asombrada de mirada redonda y abierta.

¿Dónde he estado?
¿Desde dónde llego?
Viajera soy de mundos internos.
A donde quiera que vaya voy conmigo,
me tengo.
¡Qué dicha!
Me habito.

Me surge brillante
nueva piel tersa viviente,
temblorosa trama,
con la fortaleza
del delgado hilo
de una telaraña.

Setenta veces siete vidas,
setenta veces siete muertes.
Vida-muerte-vida.
En cada morir reencarno y resurjo,
vital y nutrida.


Marta Restrepo

Julio 18 de 2006

Por: Marta Restrepo | Poemario | Comentarios (4) | Referencias (0)

Domingo, 16 de julio de 2006

Gratitud

Sentir que pertenezco a un lugar y a un grupo humano es algo que pensé que había perdido para siempre y ¡cuánto lo aprecio!

Tengo infinidad de razones para estar agradecida con la vida. Luego de vagar dos años y medio como una loba extraviada, de tener el pelaje opaco, de vivir entre desconocidos, de desempeñar el papel de forastera, de advenediza, y de intentar construir lazos afectivos, estoy de de regreso a mi clan, al sitio al que pertenezco.
Estoy cerca de mi familia, de mis hermanas, recuerdo a mi hermano, con el que pude compartir algunos días luego de llevar años sin vernos, de mis padres, viejos, pero llenos de vida y de amor. He podido disfrutar de nuevo del grupo amigos que quiero entrañablemente, que me quieren como soy, que me aprecian simplemente por ser yo, que me acogen confiados y que gritaron de felicidad al verme, que se emocionaron al saber que estaba de regreso.
Sentir que pertenezco a un lugar y a un grupo humano es algo que pensé que había perdido para siempre y ¡cuánto lo aprecio!
Estoy en un lugar en el que tengo una historia, donde los que me conocen saben quién soy y yo sé quiénes son ellos.
Con el asombro de una recién llegada a la vida, veo los regalos que me ofrece generoso el universo. A través de la ventana tengo este paisaje que me sé de memoria, siento la tibieza del aire y me lleno de gratitud.
Desde el primer día en que llegué a Medellín retomé el ejercicio físico, que había abandonado hace ya no sé cuánto tiempo, y mi cuerpo ha respondido con una nobleza que me desconcierta; me siento cada vez más liviana, los músculos han comenzado a moldearse lentamente bajo la piel, he ido recuperando la flexibilidad de mis articulaciones y puedo sentir cómo los tendones ganan cada día un poco más de elasticidad; inicié una dieta moderada con la que he perdido casi todos los kilos de más que había ganado en los últimos tiempos; estoy tomando el sol con prudencia, he retomado la escritura personal y de nuevo siento que tengo la vida por delante. Darme cuenta de esto último me asusta, pero me llena de ganas.
Sé que acabo de cerrar un ciclo y, por la misma razón, que estoy empezando otro que me llevará por caminos que todavía no vislumbro con claridad, pero que quiero construir con el entusiasmo que hoy me habita.

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Jueves, 13 de julio de 2006

Corrupción

Acaban de inhabilitar por 20 años a uno de los ex presidentes del Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (ISS), Guillermo Fino, para que se desempeñe en el sector público, por haberle cobrado la bobadita de 4000 millones de pesos de comisión a la empresa alemana Fresenius Medical Care Colombia S.A., por adjudicarle un contrato para que le prestara servicios a pacientes de la unidad renal del Seguro. El contrato, por valor de 40 mil millones, se firmó en 2002.
La descripción que hacen las revistas Cambio y Semana, de cómo los participantes de este delito hicieron toda clase de maromas para meterse el dinero al bolsillo, tratando de no dejar rastro, es asombroso. No le encuentro diferencia con la forma como operan los narcotraficantes y los secuestradores.
No contento con esta mordida, con un sentido muy “Fino” para conseguir dinero fácil, el funcionario público se metió en el otro bolsillo un 6% de comisión, es decir, otros 2400 millones, por ordenar el pago de la cartera que le adeudaba el ISS a Fresenius en 2001, por un monto superior a los 40 mil millones de pesos.
La noticia del número de años de inhabilitación a Guillermo Fino, sumada a la de la multa de 25 millones de pesos, ha sido recibida con gran alharaca por ser la sanción disciplinaria más alta que se ha concedido en Colombia. Pero, falta por verse qué va a pasar con varias cosas:

1. Cuál va a ser la sanción penal para este delincuente.
2. ¿Será que los dineritos del negocio entre Fino y Fresenius van a permanecer guardados en algún banco del exterior, de esos donde se garantiza el anonimato de las cuentas, hasta cuando termine de pagar su pena, con término anticipado por buena conducta, para poder disfrutar de las mieles del negocio? ¿Será que se los van a decomisar?
3. Qué procedimiento van a seguir las autoridades, tanto en el plano nacional como en el internacional, con Fresenius, como copartícipe en este multimillonario delito.
4. ¿El gobierno alemán abrirá alguna investigación en la casa matriz de Fresenius?
5. Si esto pasó en Colombia… ¿habrá algún organismo internacional que se anime a husmear en otros países donde Fresenius tiene operaciones?
6. Transparencia Internacional, con sede en Berlin, ¿emprenderá alguna acción contra Fresenius, que está ubicada en su mismo país?
Colombia ocupa el lugar número 55 entre los países menos corruptos del mundo, según el Índice de Percepción de la Corrupción que arrojó la encuesta mundial que anualmente realiza la ONG Transparencia Internacional (TI), en 159 países, y Alemania ocupa el número 16. Según afirmó el presidente de TI, Peter Eigen,
“la corrupción es una de las mayores causas de la pobreza, a la vez que representa una barrera para combatirla”.

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Martes, 04 de julio de 2006

¿Contra quién es la lucha antidrogas? (II)

Segunda y última parte

Cualquiera diría que el Plan Colombia ha sido un fracaso, si se mira desde el punto de vista del cumplimiento de la meta de reducir al 50% el área cultivada de coca, en los últimos cinco años.
Mientras que en Colombia el problema de las drogas es tratado como un asunto de hectáreas cultivadas que hay que erradicar, es decir, como un asunto de policía, en los países consumidores no parece haber nadie que forme parte de esta enorme cadena de corrupción. A pesar de los resultados, el gobierno norteamericano sigue gastando multimillonarias sumas de dinero en esta guerra.


Los últimos resultados de la lucha antidrogas son cualquier cosa, menos resultados exitosos, porque según muestran las cifras de la Oficina de Drogas de Estados Unidos, (ONDCP), las hectáreas cultivadas en Colombia no solo no han disminuido, sino que aumentaron el año pasado.
Según un informe publicado en abril por The Center for Internacional Policy’s, Colombia Program (CIP), en 2005, calificado como el año record en la destrucción de cultivos de coca, se erradicaron 171 400 hectáreas, entre áreas fumigadas y arrancadas manualmente, y se dejaron de erradicar 144 000, lo que da un total de 315 400 hectáreas. Esto representa un incremento del 26% frente a 2004, es decir 30 000 hectáreas más que en el año anterior, cuando la cifra había ascendido a 250 555, entre las erradicadas y las no erradicadas.
Según el informe del CIP, en los últimos seis años, desde cuando el congreso norteamericano aprobó el primer desembolso para el “Plan Colombia”, el gobierno norteamericano ha destinado 4 mil 700 millones de dólares para esta lucha antidrogas, especialmente para la fumigación aérea de herbicidas sobre las zonas cultivadas. La meta del Plan Colombia era, a cinco años, reducir al 50% las áreas sembradas de coca. En 2005 la suma área total entre hectáreas erradicadas y no erradicadas era de 183 571, lo que representa un incremento de cerca del 72% en el mismo período.
Si los resultados son tan desalentadores, ¿por qué insisten en hacerlo de esa manera? ¿Por qué no ensayar la vía de la legalización y atacar el que debería ser el verdadero meollo del asunto, como es el del consumo, pero abordado como un problema de salud pública?
Sé que no estoy descubriendo el agua tibia. Sin embargo, no dejo de pensar en que detrás de todas medidas policivas para reprimir el cultivo de coca, es decir, detrás de la cadena de ilegalidad que esto genera, se esconde un negocio tan lucrativo como no logra caberme en la cabeza.
Si los cultivos de coca dejaran de reproducirse a la velocidad y en la proporción que lo hacen o si se detuviera la erradicación de los cultivos, ¿a quién le van a vender los insumos para la fumigación? ¿Qué diablos van a hacer con toda la parafernalia, con todo el montaje que se requiere para emprender una guerra de éstas, tales como armamento, aviones, helicópteros, equipos de comunicación, personal entrenado, etc.?
De otro lado, me pregunto, ¿contra quién realmente es la lucha antidrogas? ¿Dónde están los grandes mafiosos de los países consumidores? ¿Por qué no recuerdo que hayan condenado a cadena perpetua a ninguno? ¿Qué se hace la plata de las utilidades de los precios finales de venta de la droga? ¿Serán tan ingenuos los banqueros y los negociantes de los países consumidores como para permitir que toda la plata se venga para acá? ¿Por qué no denuncian a los bancos de los países consumidores que reciben esos dineros en sus arcas? ¿Es que la cadena completa está conformada solo por colombianos, en el caso de mi país? ¿Será que los malos del paseo solo están aquí?
Este sí que es un cuento bien cojo.
Y como ocurre con tantas otras cosas, nos ahogamos en el mar de desinformación que centra el interés en los asuntos que los medios masivos de comunicación reproducen, sin ahondar mucho en la verdadera raíz de los problemas. Ese es el planteamiento de una de las teorías de la comunicación, la “Agenda setting”, que tiene como objetivo poner a los medios de comunicación a hablar sobre algún tema específico, que en determinado momento le interesa divulgar a un grupo de poder, ya sea político, económico o militar.

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Miércoles, 28 de junio de 2006

¿Contra quién es la lucha antidrogas?

El consumo de drogas, y específicamente la adicción a ellas, cualquiera que ésta sea, es un problema de salud pública y no de policía.

Luchar contra las adicciones a punto de medida represivas es una batalla perdida de antemano, al menos en lo que se relaciona con la erradicación del consumo.
El consumo de cigarrillo, por ejemplo, una droga legal considerada tan adictiva como el bazuco, en lo que llevo de vida ha disminuido de una manera asombrosa, en las personas que me rodean. Solo me basta mirar a mi propia familia, donde somos 10 adultos entre padres e hijos. Hace 25 años, ocho de nosotros éramos fumadores y en este momento ninguno lo es. Entre mis amigos la historia ha sido prácticamente la misma. Y todo esto lo han logrado organismos y entidades locales y mundiales distribuidos a lo largo y ancho del planeta, que han conseguido aterrorizarnos a punto de campañas educativas y preventivas para crear conciencia acerca del riesgo que entraña el tabaquismo. Sin contar con la verificación en el propio organismo de los efectos devastadores de la nicotina y los otros ingredientes que incluye el cigarrillo.
Pero, conozco también personas que son fumadoras irredentas, para quienes está primero un cigarrillo que la vida misma. Son los verdaderos adictos a la nicotina y solo pueden ser rehabilitados con ayuda médica, si es que pueden, pero, además, sin garantía de que lo hagan definitivamente.
Igual pasa con el alcohol. Es una droga adictiva, que muchos hemos tomado en algún momento de la vida en poca o mucha cantidad, pero eso no significa que todos los que han tomado o toman alcohol sean o se puedan volver alcohólicos. Solo unos pocos, los verdaderos alcohólicos, quedan atrapados en el consumo descontrolado.
Sin embargo, sé que, de todos modos, las cifras de consumo de cigarrillo y alcohol están muy por encima de las de las otras drogas y que la tabacaleras adelantan agresivas campañas para atraer consumidores adolescentes y preadolescentes, pero es será tema de otro artículo.
Yo no he probado cocaína, ni bazuco, ni éxtasis, ni nada que se les parezca, y creo que no lo voy a hacer. Sin embargo, estoy convencida de que la gran mayoría de los que los han probado o los usan ocasionalmente, no son drogadictos. Muchos dejarían de consumirlos por razones médicas o familiares, si llegara a ser necesario. Pero hay personas cuyos organismos funcionan de una manera diferente.
Quién de nosotros no se ha encontrado alguna vez en la calle con una persona que en otro tiempo fue próspera y saludable, y ahora deambula desgreñada y harapienta, intoxicada con alguna droga barata, o con alguna que no ha llegado tan lejos, pero que destrozó su vida por el consumo desenfrenado de licor. No creo que haya un solo ser humano que llegue a ese estado porque le parece muy interesante o agradable.
El consumo de drogas, y específicamente la adicción a ellas, cualquiera que ésta sea, es un problema de salud pública y no de policía.
Mientras que en los últimos años en Europa los esfuerzos se han orientado a educar a la población acerca de la adicción como una enfermedad física y mental, y como tal tratan a los adictos, en países como el mío, Colombia, los éxitos se miden en áreas de erradicación de cultivos y en decomisos de cargamentos. Ese es el balance que año a año entregan organismos como Naciones Unidas y el Departamento de Estado norteamericano, para hablar de sus logros en la llamada “lucha contra las drogas y el delito”, en Colombia.
Como si mantener las drogas en la ilegalidad fuera a lograr frenar el consumo de adictos y de no adictos… aquí tiene que haber algo más.
Sigue…

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